El escurialense Canto Castrejón, ¿altar vetón?

Como roca que es está allí, no se mueve, para que pueda ser contemplada por el común de los mortales. Bueno lo cierto es que el Canto Castrejón se encuentra en una finca privada y que el común de los mortales que se acerque a ella se juega un perdigonazo en sálvese la parte. Esta piedra es peculiar y única ya que no cuenta solo con una inscripción regia, cosa que ya de por si haría especial este lugar, si no que cuenta con tres de diferentes épocas. Esto es una muestra clara del especial interés que tenía este lugar para la monarquía.
Los epígrafes de canto Castrejón presentan una grafía, un módulo y una factura acorde con muchas de las oficiales que encontramos en el Real Sitio de El Escorial, lo que descarta su origen popular. El primero de los textos, el que está más arriba y el mayor de todos, es sin duda el primigenio de todos, conmemora que el infante Don Felipe III, dio su primer arcabuzazo desde esa peña cuando tenía 10 años. Las otras dos inscripciones son renovaciones hechas por Carlos IV y por Isabel II.
A dos metros de estos epígrafes se encuentran dos tramos de escaleras talladas en la roca, uno de ellos culminado en una plataforma natural, mientras que el otro lo hace en lo alto de una superficie trabajada que recrea una serie concatenada de “asientos” excavados e la roca con perfiles rectilíneos. La cima de este mirador natural da acceso a un somero falso rellano ante el que se articulan dos soluciones practicables, en ambos casos por medio de sendos tramos de peldaños tallados en la roca. Se asciende en dirección a poniente, y desde ambos accesos hay una amplia visibilidad y una hermosa panorámica del Monasterio de San Lorenzo De El Escorial.
Para el arqueólogo Jiménez Guijarro este conjunto se trata de una peña sacra, es decir un altar rupestre protohistórico dotado de escalas de acceso. No relaciona la existencia de los epígrafes regios con esta función de la roca, si bien indica que la peculiaridad de la misma puede haber condicionado la posterior ejecución de los epígrafes regios.
Mantiene el arqueólogo que la silla de Felipe II, considerada por algunos autores como un altar vetón, no es tal, ya que la existencia de dos altares tan próximos es arqueológicamente inverosímil.
La orientación de canto Castrejón, hacia poniente, es más idónea que la de Canto Gordo (silla de Felipe II). La situación menos recóndita, nos recuerda que estos altares eran para actos públicos, lo que contrasta con la situación casi inaccesible de la Silla de Felipe II. Esta roca carece de cazoletas y canales de desagüe, cosa que no ocurre con el canto Castrejón.
Sobre la Silla de Felipe II no hay ninguna mención documental hasta la recopilación cartográfica de Francisco Coello (1849). Jiménez Guijarro mantiene que no es más que una recreación arqueológica del sigo XIX.
Pero no es el cometido de este artículo crear una disputa entre piedras, el cometido es, tal vez, reseñar este canto Castrejón, dar fe de su importancia histórica y criticar que no podamos acceder a él para contemplarlo.

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