Amante de las letras y el flamenco, Fernando Iwasaki ha sacado tiempo de la chistera para terminar su nuevo libro de cuentos: España aparta de mi estos premios, con el que se quiere reir de la cantidad de premios que se reparten en nuestro país. Durante unos días en los Cursos de Verano de El Escorial rindió tributo al escritor de lo macabro y lo necrofílico, dirigiendo el curso La descendencia de Poe: terror y literatura. Quizás por ello, iba por los pasillos del Felipe II haciendo gala de su humor y emulando a los personajes del escritor de Boston.
Llegó en el 95 para estudiar el Archivo de Indias y se quedó aquí…
Como todo el mundo. Yo llegué y conocí a mi mujer. Las grandes decisiones tienen que ver con cosas importantes de tu vida y no con la vocación literaria. Siempre tiene que ver con la familia, y, en mi caso, no hay mayor explicación. Sería interesante contar que soy refugiado político y demás, pero no es el caso.
¿Cómo se pasa de ser profesor a escritor?
En realidad siempre me había gustado la literatura como lector. Cuando vine en el 85 ya tenía un par de accésit en Perú y preparaba un primer libro de cuentos. La vocación literaria siempre estuvo. Nunca ocupó un lugar primordial, y, de hecho, todavía no lo es. En España hay muchas oportunidades para que un escritor latinoamericano pueda publicar, y, en ese sentido, para mí las cosas han salido bastante bien.
¿Qué nos puede adelantar de su nuevo libro?
Es una especie de tomadura de pelo a los premios literarios. Este libro está compuesto por siete premios ganados por el mismo relato y que va cambiando según las bases de cada concurso. Solo daré el dato de la primera versión, del que surgen las siguientes. Aparece un brigadista japonés en una cueva de la Sierra de
Málaga que cree que la guerra aún no ha acabado. A partir de ahí, hay siete variantes narrativas, pero se lo dejamos al lector.
¿Es tan fácil ganar premios en España?
Yo creo que sí, que hay muchos premios demasiado diversos. Existen desde el Gran Slam de los premios, hasta premios más municipales que literarios, pero económicamente muy dignos. Hay muchos escritores que han vivido largo tiempo de esos premios.
¿Escriben únicamente para los premios?
Sí, pero no hablamos de los súper grandes, sino de los pequeños, de los que se pueden ganar seis o siete al año, que los hay. Roberto Bolaño tuvo una época en la que se dedicó a ello.
¿Le cuesta mucho escribir libros?
Me cuesta mucho, porque necesito tiempo. Los libros que escribo y publico son resultado de muchos años de trabajo. Tengo otras actividades, como colaboraciones en medios de comunicación que también suponen una inversión de tiempo, así que lo de escribir se queda al final del todo. Es un suplicio gratuito. Nadie te paga por escribir, así que no le puedes dedicar, como me gustaría a mí, 18 horas al día. La última novela que comencé fue en septiembre de 2005, escribí 40 páginas y no la he podido volver a tocar. Ahí está, envejeciendo, y no tengo tiempo para poder terminarla
¿Dónde empieza la relación entre Poe e Iwasaki?
En la adolescencia, con la lectura de sus cuentos completos. Para mí fue una lectura desveladora de muchas cosas y descubrí que había películas de terror, casi todas protagonizadas por Vincent Price. La relación con Poe es una relación adolescente, que es la edad en la que los libros se quedan marcados.
Luis Alberto de Cuenca definió a Poe como un psicópata maravilloso ¿Cómo se definiría Iwasaki?
Como un psicópata más normalito. Todos los que escribimos tenemos algo de psicópata, porque con lo tranquilos que estaríamos siendo funcionarios, hay algo psicopático, un deseo de querer escribir.
Sin embargo, sus libros son amenos.
Pero la amenidad no te exonera de la locura. Todos los locos son más o menos divertidos.
¿Ha hecho de la ironía su mayor virtud?
No sé si es una virtud. Hay gente que no transige con el sentido del humor y lo consideran una cosa menor. Esto ocurre en un país donde las grandes figuras son Cervantes, Valle-Inclán, Quevedo… que cultivaron el humor en su literatura, pero aquí se lleva la solemnidad, la gravedad, la seriedad. El humor está muy mal visto. Aunque sea una virtud no me ha beneficiado especialmente.
¿A que se refiere con que habría que mundializar el flamenco?
Quiere decir que tú vas a Corea, Nueva York o Buenos Aires y podrías dedicarte al flamenco sin necesidad de haber pasado por Jerez, Utrera o Sevilla, que es donde hoy en día se focaliza el aprendizaje de flamenco. Es lo que pasa con el jazz. Para ser músico de jazz no tienes que irte a Nueva Orleans, pero con el flamenco sí. Hay gente que dice que hay que mantener inalterables e impolutas las condiciones que permiten la creación del flamenco. Eso sería un disparate en el tango argentino, que es una música que se ha globalizado. Nace en las casas de putas y a nadie se le ocurre decir que hay que mantener la prostitución para que el tango sea puro. Son dos disparates muy grandes, pero en el flamenco esto ocurre. Lo ideal sería que alguien pudiera ser un profesional del flamenco sin pisar Andalucía.
¿Qué relación hay entre Iwasaki y el flamenco?
Es mi trabajo. Ya llevo 15 años con ello. No me considero ni un artista ni un profesional, pero trabajo con personas que saben mucho de flamenco y aprendo de ellos. No quiero, para nada, quitarle protagonismo a los que conocen, pero opino como alguien que está dentro de su industria cultural
¿Habría que exportarlo?
Más que exportarlo, permitir que prospere en otros sitios, como ha pasado con el jazz. En Andalucía, el artículo 68 del Estatuto, le da a la Junta la competencia para organizar y supervisar todas las manifestaciones de flamenco en el mundo, y esto es poco concebible.
¿Cómo ve el panorama de la literatura en Latinoamérica?
Hay un grupo de escritores que, por primera vez, se están configurando como una burbuja literaria. Están un poco despojados de su visión nacional para ser más internacionales. Ahora hay autores de todos los países, y la tendencia es que no importa de donde eres, si no lo que estás escribiendo. Esto me parece estupendo, porque es un antídoto contra los nacionalismos, que empobrecen las vidas culturales de los países.
Nacho Gómez Hontoria ©
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