Para el día del libro: Don Diego Hurtado de Mendoza

Desde El Eco de la Sierra celebramos el día del libro con una semblanza de uno de nuestros escritores favoritos. Diego Hurtado de Mendoza (1503-1575) diplomático y escritor y a cuya mala vida debemos, en gran parte, muchos de los libros que forman parte de la biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. En círculos literarios se le ha atribuido desde hace tiempo la autoría de El Lazarillo de Tormes, autoría que se ha medio confirmado ahora al hacerse públicos los estudios de Mercedes Agulló Cobo en su obra A vueltas con el autor del Lazarillo una investigación en que, partiendo del descubrimiento en unos papeles de Diego Hurtado de Mendoza de la frase «un legajo de correcciones hechas para la impresión de Lazarillo y Propaladia», postuló «una hipótesis seria sobre la autoría del Lazarillo, que fortalecida por otros hechos y circunstancias apunta sólidamente en la dirección de don Diego».[

Os dejo a continuación la mejor semblanza que de él he encontrado en Internet esperando que os pique la curiosidad por lo menos y decidáis leer alguno de sus geniales poemas.

 

 

 pincha aquí para leer algunos poemas de Diego Hurtado de Mendoza

 

Diego Hurtado de Mendoza (1503-1575) era el hijo menor de Iñigo López de Mendoza y de Francisca Pacheco. Fue hermano del tercer Conde de Tendilla Luis Hurtado y tío del cuarto Conde Iñigo López de Mendoza. Nacido en La Alhambra, era hombre con faz poco agraciada, de hercúleas fuerzas y de carácter diferente a sus famosos hermanos. Se cuenta que paró a un toro en La Alhambra sujetándole con sus manos de los cuernos. Era devoto de su hermana María Pacheco para quien solicitó el perdón real, y asimismo amigo de Santa Teresa de Jesús.

 

No se casó aunque se le conocen aventuras galantes. Se le supuso enamorado de Marina de Aragón (1523-1543), bella hija del Conde de Ribagorza, a la que escribió un sentido poema “In memoriam” tras su pronta muerte. El mismo relata que sufrió la amputación de un testículo inflamado que le producía fuertes dolores.

 

Según Gregorio Marañón fue el más ilustre de la familia (tras del primer Marqués de Santillana, claro). Fue literato, político, guerrero y muy culto. Hablaba árabe, latín y griego, siendo discípulo en la Universidad de Pedro Mártir de Anglería, junto con los marqueses de Vélez y de Mondéjar (su hermano).

 

Tras unos pleitos con su hermano Luis por la herencia paterna, vendió su parte y entró en la carrera diplomática. Embajador de Carlos V en varias cortes italianas, gustó allí de la filosofía aristotélica. Estuvo en Venecia en 1527 logrando que la Serenísima no diera por concluidas sus negociaciones con el Gran Turco y que se descubrieran las negociaciones secretas de Francisco I y el Sultán (en 1526 la madre de Francisco negociaba con el sultán mientras su hijo estaba prisionero, y Francisco firmaría un tratado con él en 1534). El propio Diego afirma que visitó a su hermana María Pacheco en su destierro en Oporto, antes de morir ella en 1531.

 

Participó en una embajada en Inglaterra en 1538 y durante su embajada en Venecia desde 1539 frecuentó artistas, damas e incrementó su biblioteca, ya célebre en 1543. Embajador en el Concilio de Trento (1545), cuando el Congreso se trasladara a Bolonia tuvo desavenencias con el Papa Paulo III quien le dijo que “parara en mientes en que estaba en su casa y no se excediera en réplicas” contestándole que “era caballero, su padre lo fue y como tal habría de hacer al pie de la letra lo que su rey y señor le tenía mandado” y que “siendo como era Ministro del Emperador, su casa era donde quiera que pusiera sus pies, y allí estaba seguro”. Amenazó con tirar al río al Cardenal de Santa Croce si continuaba sugiriendo la clausura del Concilio de Trento.

 

       

 

 

Cuatro años después era embajador en Roma y gobernador y Capitán General de Siena y demás plazas de Toscana (1547), dejando la representación en el Concilio. Tras la fracasada sublevación de Siena, sus enemigos en Italia lograron que fuera llamado a España (1554). Más adelante sufriría unas tercianas que le apartaron de momento de la política pero no de las letras. Felipe II al subir al trono le nombró Virrey de Aragón, con escaso éxito.

 

Acabó desterrado en Granada por una discusión con Diego de Leyva junto al lecho donde moría D. Carlos (1568, hijo mayor de Felipe II). Su ponente le amenazó con una daga y él, con su fuerza, le desarmó y le tiró por la ventana al patio. La “leyenda negra” dice que era por una antigua rivalidad amorosa con Felipe II, al pretender los dos a Isabel de Velasco.

 

Marchó a tiempo de presenciar la rebelión de las Alpujarras de Fernando de Córdoba (“Aben Humeya”) de 1568-1571 y luchar a las órdenes su sobrino Iñigo López de Mendoza contra ella, mandando cartas a la Corte explicando la situación bélica y política.

 

Tiene una amplia obra poética y fue un gran prosista. Es el autor del “Diálogo entre Caronte y el Alma de Pedro Farnesio” y la “Crónica de las Guerras de Granada”, ejemplo de prosa clásica castellana, concisa, exacta, justa e imparcial, en que sigue como modelos a Salustio y Tácito.

 

Para lograr en 1574 el perdón real regaló a Felipe II su gran biblioteca, reunida principalmente en Italia (mandó al italiano Nicolás Solferino y al griego Arnoldo que le copiaran códices) en los tiempos en que Felipe II estaba creando la biblioteca de El Escorial. Allí se puede ver su espléndida colección de libros italianos, manuscritos e incunables raros encuadernados con sus colores rojo y negro, uno en cada cubierta, rayados verticalmente en oro y con medallón dorado en relieve.

 

De su muerte dice Marañón “le cortaron una pierna que se le gangrenó después de una temporada de terribles dolores, aunque no tantos como los de la amputación, que soportó rezando el Credo en voz alta como único anestésico”.

 

No hay que confundirle con el primer o tercer Duques del Infantado (que se llamaban igual). Se le atribuyó erróneamente la autoría del “Lazarillo de Tormes”. Lope de Vega dijo: “Qué cosa aventaja a una redondilla de Don Diego Hurtado de Mendoza?”

 

Bibliografía:

 

“Vida y obras de Don Diego Hurtado de Mendoza” de Angel González Palencia y Eugenio Mele, tres tomos. Madrid (1941-43).

“Son of the Alhambra” de Erika Spivakowsky. University of Texas Press, Austin (1970).

“Crónica de las Guerras de Granada”, de Diego Hurtado de Mendoza. Hay múltiples ediciones, como la de editorial Castalia (1970).

“Poesía” de Diego Hurtado de Mendoza. Edición de Luis F. Díaz Larios y Olga Gete Carpio. Ediciones Cátedra (1990).

“Estudio y Edición de la poesía de Don Diego Hurtado de Mendoza” por José Ignacio Díez Fernández. Tesis doctoral editada por la Universidad Complutense de Madrid (1989).

 

 

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