El Eco de la Sierra

Javier Krahe, fuera del coro

2 septiembre, 2011

POR Paloma Fernández
Su éxito como cantante no pasa por abarrotar estadios ni por vender millones de discos. Sus canciones ni siquiera suenan en la radio: “Hacen falta transacciones económicas, y no quiero hacerlas”. No obstante, muchos ojos miran últimamente a Javier Krahe: acaba de publicar un libro – disco, Querencias y exteavíos, donde se repasa su trayectoria profesional por medio de una entrevista y se presentan nuevas composiciones. “No me creo que interese a alguien” comenta, con la mezcla de gracejo y timidez que lo caracteriza.

El éxito de Krahe consiste en “escribir canciones y vivir de ellas”. Ofrece unos sesenta conciertos al año -¡a ver qué otro cantante puede presumir de semejante cifra!- en bares y teatros. Un ejército de seguidores llena siempre la sala, “son sobre todo universitarios, aunque últimamente noto que aumentan los de mi quinta. Se ve que se han prejubilado”. En el escenario, presenta todo un espectáculo juglaresco: recita, más que cantar, ingeniosísimas letras al compás de una mezcla de blues, jazz, bolero y rock en que predomina el ritmo sobre la melodía. Un estilo que poco tiene que ver con el de la inmensa mayoría de los músicos de nuestro país: “No hago esto porque quiera diferenciarme, sino porque es lo único que me sale. Como decía Nietzsche, si no quieres formar parte del coro, no basta con no querer, tienes que no saber”.

Sus letras hablan de peculiaridades como la geometría, el AVE o la pobreza de un pescador, y hacen meditar sobre complejidades como el amor o la muerte. “Bueno, la muerte ya la tengo menos presente. He cambiado desde hace unos quince años, y aunque antes me inquietaba, ahora me trae sin cuidado”. Tienen siempre un tono humorístico, “lo uso para defenderme de las cosas negativas de la vida”, que el artista intensifica a la hora de actuar con continuas guasas, de las que son compinches los dos músicos que lo acompañan habitualmente en escena, el violonchelista Fernando Anguita y el guitarrista Javier López de Guereña. Influyen mucho en su obra: “Los discos me gustaría grabarlos, para que resulten más vivos. Pero ellos prefirieren variar. Y yo les hago caso”.

Las musas visitan a Krahe durante los meses de verano, cuando descansa en Zahara de los Atunes. “En Madrid no puedo componer. Me entretienen demasiadas cosas, sobre todo la maldita televisión. Engancha”. Su método nunca varía: “Se me ocurre un verso. Ya lo dijo Valery, el primer verso te lo da el cielo, y el resto es trabajo. Al tiempo, cojo la guitarra y tarareo la melodía”. A veces ha de pedir ayuda: “De vez en cuando se me ocurre una letra sin música, y entonces ésta la encargo a otra persona. Así hay más variedad, porque a mí se me ocurren cosas siempre muy parecidas”.