Ante tan generosa invitación por parte de la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de San Lorenzo de El Escorial para poner palabra escrita a estos magníficos y elocuentes dibujos de Félix Bernardino, que hablan por sí solos. Y, tratándose de mi Barrio, con lo que conlleva de perjuicio para quien se ha criado allí; no podía abordarlo de otra manera que no fuera la crónica periodística -a la que se añade en entusiasmo por lo propio-; la intrahistoria, los hechos, los recuerdos cotidianos que, a la postre, configuran la historia de los pueblos.
Uno de los barrios emblemáticos de San Lorenzo ,es, sin duda, el Barrio del Rosario. Pero antes de adentramos en sus recovecos, en sus plazas, en sus calles, en sus plazas o en sus edificios; he de advertir, con nostalgia, la falta de algunos elementos que conformaban su idiosincrasia; a la vez que apuntar la incorporación de nuevos elementos en el paisaje. Se me viene a la memoria, aquellas dos acacias centenarias, que flanqueaban uno de los dos puentes de la carretera de Guadarrama ; el más próximo al Bar El Salao (el otro está junto al desaparecido Bar Cipriano ); como dos centinelas. Puente temido los días de invierno, en los que al suelo engelante se le unía el viento huracanado que arrojaba el Abantos. La antigua vaquería (que se le llamaba así, aunque no hubiese vacas; sino merinos que el pastor encerraba en la majada). Ola fragua, en la que se afilaban los punteros, que tanto granito han arrancado a la tierra. O los toros bravos del Prado de Los Mellizos, que más de un susto han dado a quien caminando (antes caminar para ir a cualquier parte era lo normal) por la trocha para bajar al Escorial, le ha salido uno tras una pelea con otro toro de la manada.
El fuego se llevo la antigua abacería de Zacarías; en ella se podía comprar alubias, bacalao, cortado a cuchilla, y, aceite a granel. Desaparecieron las vacas de la señora Eufemia; como desaparecieron los pollinos que utilizaban sus dueños: uno, para vender fruta; el otro, para repartir cisco y carbón el carbonero por las casas. Desapareció la fábrica de Nylcast.
No volvimos a comprar chocolate de la fábrica de Matías López de El Escorial en la tienda de la esquina de la calle de Miralmonte. Ni volvieron a tener la oportunidad las muchachas de pintar las petacas en el taller del petaquero. Con el traslado del Matadero, no se volvió a llenar la noche de lastimosos mugidos las vísperas de la matanza. La modernidad dio paso a una nueva forma de vida, y, paulatinamente, fue desapareciendo el modus vivendi popular, cambiando el paisaje, las costumbres, los edificios y hasta las gentes, con la incorporación de distintas culturas étnicas. El Barrio recibió los movimientos de migración procedentes de otras zonas de España, como sucedió en el resto del pueblo o de Madrid y provincia.
Aumentaron las construcciones. Una clase pudiente se asentó, en principio en los meses de verano, para luego hacerlo en periodos más prolongados: los veraneantes. (Sin embargo, para hablar de veraneantes en San Lorenzo de El Escorial tenemos que remontamos a 1854, en la que a la población fija empieza a sumarse una serie de veraneantes. Uno de ellos será D. Mariano de la Paz Graells y Aguera, catedrático y director del Real Museo de Ciencias de la Naturaleza de Madrid; quien descubrió en la primavera de 1848, en los Pinares Llanos de Peguerinos, la mariposa Graellsia Isabelae, única en el mundo.) Hoy día el incremento demográfico se ha notado de manera ostensible. De forma que, el Barrio ya no está alejado del centro. Habría que hacer una división geográfica para situarlo. Aunque ésta corresponde más a la forma de nombrarlo por sus habitantes. Así, tendríamos estos tres grupos de viviendas: Las Casas del Reloj, Las Casas Nuevas y Las Casas del Matadero. Estos tres grupos tienen su continuidad al otro lado de la carretera de Guadarrama, que los separa.
Convendría tener en cuenta la fecha del 3 de mayo de 1767, en la que Carlos III promulga en Aranjuez la Cédula Real que contiene el Reglamento para la fábrica de casas en el Real Sitio de San Lorenzo. O sea, el Acta fundacional de San Lorenzo. En 1775 ya están consolidadas la zona de las calles Duque de Medinaceli, Juan de Toledo, Calvario y Floridablanca. Y, concretamente, para lo que concierne al Barrio, el nombramiento (H-4-1781) del arquitecto D. Juan de Villanueva, quien modifica el camino de Guadarrama en el Plan del Camino del Real Sitio de San Lorenzo a Campillo y Guadarrama de 1788.








