Roberto Reula: “Es el momento de plantearse nuevas cosas”

Roberto Reula es un artista de la Sierra de Madrid que se formó en la escuela “La palma” de Madrid, se define como una persona impulsiva, y por eso a la hora de realizar sus obras como primer material empleado utiliza la cera o la plastilina,  que permite modelar añadiendo materia o rebajar si se requiere, admitiendo volver atrás o cambiar el aspecto de la obra casi hasta el final del proceso. Luego saca moldes y a través de la fundición las realiza en bronce.

Texto: Ángela V. Estenson y María de Frutos Lafuente

Su primera obra monumental la realizó en San Lorenzo de El Escorial, en el parque de los Romeros: una placa conmemorativa del artista Antonio Cobos

Una de las obas monumentales más impresionantes de este artista son las manos que están en una de las rotondas de Guadarrama, esas manos que nos impresionan, nos recogen, nos anidan a todos al pasar

Define su carrera como escultor como una carrera de fondo una lucha continua y pretende que sus obras lleguen al público, generando opiniones y controversias, o lecturas distintas de su obra.

Cuando se bloquea encuentra la inspiración aprendiendo a hacer algo nuevo como, por ejemplo patinar, o lee o estudia sobre algún tema porque “el saber no ocupa espacio”.

Sus personajes son cotidianos, modela gente pasada de peso, de edades avanzadas, sin pelo, etc. En ellos refleja la dignidad de ser como son y no se rigen por los cánones de belleza de la sociedad.

La obra más entrañable y satisfactoria fue el anciano del Ayuntamiento de Guadarrama que nos observa de noche y de día sentado en un banco con su garrote a la entrada del Ayuntamiento. Modeló la obra in situ y durante su modelado muchos vecinos de la zona participaron y comentaron la obra día a día, viéndola madarar. Es entrañable, porque le recuerda a su abuelo

Roberto, cual ha sido tu último proyecto hasta ahora?

Los puerros. Son un trofeo de las jornadas gastronómicas de la sierra de Madrid. El organizador de este evento quería algo novedoso y fuera de lo habitual. Así que lo pensé y se me ocurrió hacer un puerro. El puerro crece en todas las partes del mundo, ha dado de comer a muchísima gente, está en todas las cocinas del mundo y además tiene una forma estéticamente interesante. Cada año es distinto, para que no me aburra hacerlo. Además, este año lo llevé a Flecha y vendí más de lo que esperaba.

Es el momento de plantearse nuevas cosas, ya que es complicado encontrar un cliente que compre una escultura por 8000€. Si en cambio haces obra más pequeña y más accesible, es más fácil su venta Es mejor hacer muchas obras pequeñas que una grande. Los puerros, al ser pequeños, han sido más fáciles de vender.

¿Cuál es tu rincón favorito de la sierra?

Artísticamente El Escorial. Concretamente esta cafetería (antiguo bar Troya). Mi primera exposición más o menos pública fue aquí, hace muchos años.

A San Lorenzo me siento muy unido porque mi primera casa estuvo aquí, aquí tuve mi primer trabajo y mi primer monumento. Soy muy amigo de El Escorial y de San Lorenzo.

¿Emotivamente?

El refugio de la Naranjera. Me llevaron de excursión cuando estaba en el instituto y me impactó mucho. Suelo ir regularmente. Esto me va a costar un poco más: Se lo enseñé a mi hermano y le encantó. Él también pasaba tiempo, incluso días ahí. Y como mi hermano murió en un accidente, cuando tengo algo que contarle, me subo ahí. Seguro que está allí sentado, escuchándome.

Viviendo lejos, me gusta venir a menudo. Pero vivo lejos por amor.

¿Qué artistas te han influenciado y como lo han hecho?

De mi quinta: Fernando Suárez. Le han dado el Premio en la feria de arte Flecha, y un compañero suyo, Jesús Curia, que hace escultura con influencia africana. De generaciones mayores a la mía: Juan Bordes. Hizo murales para el palacio de congresos y yo tuve la suerte de ser un poco ayudante suyo hace años. Ramón Murielas, que hace obras de gente sentada, obras muy plácidas y tranquilas. Y el mexicano Javier Marín, que realiza obras de carácter monumental.

¿Qué te sirve de punto de partida para crear?

La gente.

¿Tienes ayudantes o asistentes de taller ?

Ahora mismo no, pero sí los he tenido. En una exposición se me acercó una señora pidiéndome que la diera clases. Yo dije que clases no daba, pero que sí quería echarme una mano en el taller, genial. Era una señora de Arturo Soria. De repente me vi en la situación de que tenía cuatro señoras de bien, con pasta, que venían al taller con fantásticos Mercedes y Porches descapotables, y que traían sus palillos de modelar en fantásticas cajitas de hermés. ¡Fue una época emocionante! También he tenido gente que está empezando que me ha estado echando una mano en el taller.

¿Cual es el material con el que te sientes más cómodo trabajando? ¿Por qué trabajas con plastilina?

Plastilina y cera. Estos materiales luego los paso a bronce.

¿Conoces la escultura 3D? ¿ Te interesa? ¿Y el nuevo mundo de la impresión 3D? ¿Hasta qué punto es importante para ti manipular y tocar las piezas ?

Me interesa mogollón el mundo del modelaje y la impresión 3d. No niego tampoco de los pantógrafos ni de contratar a un profesional que me realice ampliaciones de mis obras. Si yo no tengo herramientas para trabajar, por ejemplo, el porespán, ni espacio donde guardar un bloque grande de porespán, pues mando realizar la pieza en Valencia. Me lo realizan en dos meses y me lo mandan a casa.

Yo no reniego de toda la tecnología que hay. A veces economiza y resulta más práctico, por lo que es estupendo. Yo soy muy vago, busco el camino más corto siempre.

¿Tienes perfectamente organizada y planificada la escultura que vas a realizar o va desarrollándose durante el proceso? ¿Qué es más importante : El proceso o el resultado final?

Hay cierto libre albedrío que mola. Yo tengo una idea, pero a lo largo del proceso suele ir cambiando. Por ejemplo, si yo quiero hacer unas piezas de plástico, pero por lo que sea no puedo y encuentro un material que lo supla, pues lo cambio. La obra va cambiando, y esto, además, mola.

Para mí, personalmente, el proceso es más importante. El resultado mola, porque eso es lo que completa el proceso. Cuando está terminada y alguien la ve y le gusta, eso cierra el círculo. Yo tengo una idea, la hago, la expongo, la ven, y la entienden. Compran o no, pero la entienden. Y esto cierra el círculo, y esto mola mucho. Pero a mí, egoístamente, me interesa más el proceso, que es donde realmente tengo mi pelea interior, y es lo que más me interesa.

¿Hay algún material con el que no hayas trabajado antes y que quiera probar en algún momento?

Trabajo con casi todo. Hice también un curso de patronaje, de diseño de moda y me sirvió para coser. Una figura que realicé llevaba un abrigo de cuero y le cosí las mangas y le coloqué las pinzas. Yo mismo le hice el patrón. Casi todo lo he investigado.

¿Tienes estudios de arte o eres autodidacta? ¿Por qué te has centrado en la escultura y no a algún otro medio plástico?

Sí, hice artes aplicadas y oficios artísticos en la escuela de La Palma, pero no he ido a recoger el título. ¡Mi mujer me echa la bronca! Me he centrado en la escultura porque tenía que acotar un poco. Porque afortunadamente para mí, mi cerebro funciona en tres dimensiones. Soy muy malo para la pintura, yo no veo en dos dimensiones, me atasco. Tengo buen dibujo técnico, pero mala visión del color. Yo cuando tenía una idea en la escuela, por ejemplo, una fuente, bajaba al aula de modelado, modelaba mi idea y una vez que la tenía, cogía y la dibujaba.

¿Tienes algún otro empleo además de tu trabajo como escultor?

Afortunadamente, ahora no. Vivo de la escultura. Aunque he trabajado montando cocinas, en un cementerio, dando clases de socorrismo y de patinaje, en un taller de coches, en radio villalba y un montón de cosas. ¡Algunas no se pueden decir!

¿Qué es lo bello para Roberto Reula? ¿El arte tiene que ser bello?

Lo cotidiano, lo sencillo. El arte no tiene por qué ser bello. Puede serlo, pero esa no es su función. Su función es que cuente algo. Si es feo pero cuenta algo, es perfectamente válido. Lo malo es que es un recurso que se usa demasiado. Se tiende mucho a una obra escatológica, escandalosa, que busca el impacto rápido. Hasta eso termina siendo aburrido. Uno está saturado de ver imágenes siniestras.

Háblanos de la presencia y el protagonismo de las manos en tu obra.

Fundamentales. Y yo nunca tengo las mías quietas. Hecho mucho en falta que en la sociedad la gente ya no se toca. Y yo me comunico con el mundo a través de las manos. Hay huellas dactilares que son más sensibles que otras. La huella que tiene forma de lazo es la más sensible. ¡Yo tengo esta forma de lazo en todos los dedos!

No me fío de lo que veo, la vista es muy engañosa, pero sí me fío del tacto. Los dedos me informan de cualidades de objetos y superficies, por lo que necesito tocar. Me desespera llegar a un museo o galería de arte y no poder tocar las obras. De hecho, las obras casi siempre están pensadas para ser tocadas, pero en estos espacios no te dejan hacerlo. Lo suyo es tocar las esculturas. Me parece tremendo que no se puedan tocar.

He trabajado montando cocinas, en un cementerio, dando clases de socorrismo y de patinaje, en un taller de coches, en Radio Villalba…

¿Cómo recuerdas tu paso por el grupo Mínimo Tamaño Grande, en San Lorenzo de El Escorial?

Seré políticamente correcto:

El primer año me llamaron para participar, y se me ocurrió traer algo que ya tenía hecho: Un mendigo con ropa vieja mía. Lo tapé con unos cartones y lo puse en el suelo de un rincón. Esta escultura llamó la atención al público, a los municipales y al ayuntamiento, puesto que la mendicidad no está permitida. Hubo momentos intensos con los municipales. Pensaban que era un mendigo de verdad y vinieron a desalojarlo.

El Alcalde me llamó diciéndome que eso no podía estar ahí, que daba mala imagen. Imaginaos los titulares: “Alcalde de San Lorenzo desaloja una escultura”. Yo le dije, “si haces eso me lanzas!”

Al final le puse un cartel a la escultura que decía: “ yo también soy una escultura, dejadme en paz”. Esto fue peor porque pensaron que era un mendigo cachondo. Me saqué 5000 pelas en un fin de semana en limosnas de mi mendigo.

Todo esto y su repercusión en los medios al final generaron problemas con más gente de la exposición y me generó algunas enemistades. Quedó rencor por una tontería y al final no me volvieron a invitar a participar.