El rincón de la sierra de… José Ruiz Guirado

Me llamo José Ruiz Guirado. Y ya llevo conmigo más de medio siglo, que se dice pronto. El nombre de pila se debe a mi abuelo materno. Los apellidos ya no necesitan de explicación. Lo vine a hacer en un barrio que venía a ser las afueras del pueblo de San Lorenzo del Escorial (el del Rosario), junto al Matadero,la Plaza de toros. Y, según cuentan ese año nevó hasta metro y medio, que ya es nieve. Por aquellas calendas los juegos los inventábamos nosotros. Y contábamos con la libertad del campo interminable, cuando no el pinar para ello. Desde muy temprana edad me aficioné a la lectura, primero con los tebeos; después con aquellos libros que no había en casa, ni para comprarlos. Por lo que había de tomarlos prestado dela Biblioteca Pública, que entonces estaba instalada en los bajos del Ayuntamiento. Aprendí contabilidad para ganarme la pitanza. Trabajé en alguna empresa en contabilidad y en  banca muchos años. En esa época estudiaba Ciencias dela Información en la Universidad Complutense de Madrid. Como no había muchos recursos, había que hacer “dedo”(auto-stop) para bajar a Madrid. La vuelta era siempre más complicada. Aunque el último recurso era volver en el coche de las pupilas del Club que había al fondo de mi calle. No fallaban. Y, no dejó de ser un viaje lleno de cuanto se podía imaginar, entre aquellas diosas del amor. Algún día he de escribir las ocurrencias y los bretes llenos de humor. Después, con el tiempo escribí y publiqué algunos libros. Y hasta llegaron a darme el Premio Nacional Julio Camba de Periodismo, por uno de los artículos que publiqué en un periódico.

Recibiendo el premio Julio Camba de las manos de Torrente Ballester

 

 

 

 

 LA FOTO

La Lonja del monasterio de San Lorenzo del Escorial.

 

Para los gurriatos, que así nos llaman a los nacidos en San Lorenzo, su Monasterio ha sido y será el mayor juguete que un niño pueda tener. Y no sería así sin la antesala que le precede:La Lonja del Monasterio. Desde allí hemos vuelto cansados del juego en los brazos del padre. Hemos dado el primer beso a la novia al socaire de las miradas censurales. Vimos una vez once ataúdes cruzar la Lonja en aquella desgracia que acaeció en los Ángeles de San Rafael. Incluso exequias reales.  Y hemos paseado –pata de fraile- por las losas hasta llegar a la pared trasera de la Galería de los Convalecientes, para volver al punto opuesto. También contemplamos el paso de la Historia. Al general Franco nos llevaban a verle en fila india desde el Colegio Público. Y allí, mientras agitábamos las banderas que  nos entregaban, bajaba de un coche negro, un militar de baja estatura y abrigo largo color  caqui. Más tarde, lo hizo el actual monarca. El día que se inauguró el carillón, paseaba por  la Lonja con Ramón de Garciasol, un escritor que eligió San Lorenzo, como antes Ortega o los hermanos Quintero para escribir y descansar.

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