El Rincón de la Sierra de….Jesús Quesada

Hooooola a todos, me llamo Jesús Quesada, llevo muchos años trabajando en Madrid y desde hace unos cuantos, he trasladado mi residencia a El Escorial. He de reconocer que se vive más tranquilo, lo peor es el madrugón en la mañana para tomar el tren, pero se compensa con todos los libros que puedo leer durante el trayecto, también me gusta la escritura y como soy un simple aficionado, voy un sábado al mes al “Ateneo Escurialense” donde hay un buen maestro del que estoy aprendiendo mucho.

 

LAS FOTOS

Hace años era conocido como la finca “el Mochuelo”, parece ser que de ahí se sacaron algunos de los bloques de granito que componen el “Monasterio de Felipe II”. Fue una de las canteras reales que suministró la piedra para tan inmortal e histórica construcción. En la actualidad aun quedan vestigios de piedras marcadas, cuñas incrustadas en la roca y bloques cortados y abandonados. Para ir se ha de tomar la carretera de Valdemorillo y nada más pasar la cuesta del antiguo matadero queda por detrás de la imagen del Sagrado Corazón que está a la derecha.

Durante años fui hasta estas rocas desde donde puede apreciarse unas vistas preciosas; el Monasterio de fondo y detrás de este Abantos, a la izquierda quedan las Machotas y a la derecha toda la sierra de Navacerrada, en el valle un entorno de fresnos, enebros,  robles y encinas, además de mucha pradera donde pastan las vacas. Hasta allí caminaba, casi todos los días, con mis mascotas Harpo, Fox y Berta. Los dos primeros eran pastores alemanes, inteligentes, protectores y nobles, con ellos comprendí el dicho del “mejor amigo del hombre”. Ella era dulce, tierna, rubia, cazadora y “más lista que el hambre”, su raza era Yorkshire, pero aunque pequeña de tamaño, sabía imponerse y manejar a los dos grandullones, además era la novia del jefe Harpo. Encima de la piedra de la foto, como si de un ritual se tratara, les peinaba y cardaba con su rasqueta. De ellos tendría para contar muchas anécdotas. Dicen que todos los perros van al cielo, pues por allí deben andar corriendo, a mi solo me queda recordarles con nostalgia por todo lo bueno que me aportaron durante esa etapa de mi vida.

 

Volviendo a mi Parnaso particular, les diré; que es un lugar para evadirse y estar en contacto con la naturaleza y si pruebas a estar tumbado encima de esa misma roca, podrás observar el cielo, con suerte verás alguna carrera de nubes y un poco más bajo, el volar de las diferentes aves, incluido algún halcón. Queda a un paso de El Escorial y si se quiere caminar un poco más, se puede continuar por la cañada que llega hasta Peralejo, buen lugar para repostar o para ver las diferentes especies que hay en “Cañada Real”.

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