El rincón de la Sierra de… Nacho Montero

Nacho Montero

Nacho Montero es un escritor y periodista especializado en radio digital y tecnología.

Estudio Ciencias Físicas en la Universidad Autónoma de Madrid, Ciencias Políticas en la Universidad Autónoma de Madrid e hizo un Master en Radiodifusión por la academia española de la radio. Es socio fundador de la Asociación Española de Radio Online. Además como investigador es miembro de la prestigiosa Royal Geographical Society de Londres y miembro del panel de colaboradores de la Encyclopedia Titanica.

Como profesional de la radio ha trabajado en diferentes medios de comunicación.  También ha sido editor de varias revistas de tirada nacional especializadas en tecnologia.

En 2012 coincidiendo con el centenario del hundimiento del Titanic publica el libro Los Diez del Titanic del que es coautor junto a Javier Reyero y Cristina Mosquera.

En 2013 publica la obra Leyendas del Atlético de Madrid junto al periodista deportivo Miguel Angel Guijarro. El libro tiene un caracter solidario al destinar un porcentaje de los ingresos a la Fundación Atlético de Madrid.

Reside en San Lorenzo del Escorial desde hace más de 20 años.

 

Mi Rincón Favorito

El jardín del Cedro del Líbano

Me gusta llamarle así pero, en realidad, se trata de los jardines de la Casita del Infante Don Gabriel, que está situada en San Lorenzo de El Escorial, muy cerca del Real Monasterio. Conocido popularmente como “Casita de Arriba”, este pabellón neoclásico se oculta a la vista tras altos muros y está rodeado por unos pequeños y deliciosos jardines de estilo italiano custodiados por dos enigmáticas esfinges de piedra.

La verdad es que este exquisito palacete de recreo ha perdido la práctica totalidad de su decoración original, pero guarda todavía algunos tesoros dignos de una mirada, como el fresco “Las cuatro estaciones” del pintor valenciano Vicente Gómez Novella que embellece la cúpula octogonal del distribuidor central. Siempre me ha resultado llamativa la existencia de esta estampa junto a este jardín casi inmutable que parece ajeno al paso de las estaciones, refugiado en su aislamiento y su misterio, casi siempre solitario, y resguardado por grandes coníferas de hoja perenne… Colosales Sequoias rojas, arcos de cipreses e inmensos pinos que exhiben los tonos más variados e intensos del verde, hasta en el más profundo invierno. En el interior del edificio se preservan también algunos lujosos relojes barrocos. Muchas veces me pregunto si, por obra de algún conjuro alquímico, sus antiguos mecanismos serán capaces de calibrar con precisión el compás del tiempo interno de este apacible jardín histórico, que transcurre con otro ritmo, con otra cadencia, con otra métrica, incluso diría que, a veces, simplemente, se detiene.

Este jardín plácido invita al sosiego y al paseo tranquilo por sus íntimos rincones admirando el frondoso bosque de la Herrería que le circunda y respirando ese aire de San Lorenzo de El Escorial que cautivó a Hemingway. Ese aire limpio y diáfano que debería ser reconocido y agradecido como se hace en Francia con el aire puro de las montañas de Chamonix. Hemingway solía decir que se sentía bien en San Lorenzo de El Escorial. Allí encontró serenidad e inspiración creativa. Y eso es lo que te regalan estos jardines: unos prodigiosos instantes de quietud, de paz y reflexión.

Sentado en el gran cenador de piedra que preside este jardín siempre silencioso, recuerdo que el palacete es una enorme caja de música de piedra granítica. El arquitecto Juan de Villanueva construyó este lugar en el último tercio del siglo XVIII para satisfacer las inquietudes melómanas del Infante Don Gabriel de Borbón, hijo del rey Carlos III. Su principal reto fue garantizar que las melodías se pudieran escuchar tanto dentro del pabellón como en el entorno ajardinado. Por eso, el edificio, cumpliendo su función acústica, fue diseñado como una gran caja de resonancia. Imagino a los músicos del Siglo de las Luces sobre la tribuna de la planta alta interpretando a Haydn, Mozart, Beethoven, Schubert, Schumann o Brahms y las sonatas escapando por los ventanucos superiores y propagándose por encima de los impecables parterres de boj, ondulando sobre las elegantes terrazas descendentes, derramándose en las fuentes de piedra rebosantes de nenúfares y en el diminuto estanque de aguas impenetrables hasta llegar, por fin, al final del jardín, justo hasta el muro oeste junto al que se levanta un majestuoso Cedro del Líbano, con su madera fuerte y duradera codiciada por los luthiers de todo el mundo. Bien pensado, me resulta terrible la idea de destruir un árbol así, ni siquiera para construir violines. Por suerte, este ejemplar no tiene nada que temer. Está muy mimado y protegido. Incluso, se ha instalado un pararrayos en lo más alto de su copa para salvaguardarle de las tormentas.

Es un árbol único. Tiene un soberbio porte piramidal tan perfecto que parece irreal. Con sus más de 150 años de edad, sus 27 metros de altura, su copa de casi 30 metros de diámetro y su gran tronco de unos seis metros de perímetro, este gigante anciano verde es, sin duda, el guardián mágico del jardín. Este magnífico cedro está incluido en el catálogo de “Árboles Singulares de la Comunidad de Madrid”, una figura que registra ejemplares arbóreos excepcionales por su tamaño, longevidad y valor ecológico, histórico o sentimental. En estos jardines de la “Casita de Arriba” se conservan otros dos Árboles Singulares: dos espléndidos Pinos de Jeffrey centenarios.

Bajo el Cedro del Líbano hay un banco de piedra. Si te sientas en él, las ramas más bajas casi te acarician y parece que el árbol te abraza. Desde allí se puede contemplar una de las vistas más hermosas, singulares e impresionantes del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, un imponente edificio que soñó con ser la réplica del Templo del Rey Salomón, el mítico templo de Jerusalén que fue erigido con la madera densa, recia y aromática de los legendarios Cedros del Líbano.

 

 

email

Sobre chema