ARTURO SERRANO PLAJA, POETA DE SAN LORENZO DE EL ESCORIAL

José Ramón López García (Universidad Autónoma de Barcelona)

En el año 2009 se cumple el centenario del nacimiento del poeta, narrador, ensayista y profesor Arturo Serrano Plaja, nacido el 25 de diciembre de 1909 en San Lorenzo de El Escorial, una oportunidad idónea para reivindicar la figura de este destacado protagonista de nuestra Edad de Plata. A pesar de su calidad como escritor y su indiscutible protagonismo en varios momentos claves de la historia cultural española del siglo xx, la obra y vida de Arturo Serrano Plaja no han tenido hasta la fecha el reconocimiento público que merece. Este desconocimiento sorprende en una figura que a lo largo de los años ha sido glosada y estimada por escritores y críticos que van desde Rafael Alberti, Luis Cernuda o María Zambrano hasta Antonio Machado, Pablo Neruda u Octavio Paz. Intelectual formado en el seno de las vanguardias estéticas y políticas; activo militante en los círculos revolucionarios durante la Segunda República; soldado y poeta en todos los frentes literarios y de combate durante la guerra civil, exiliado en una diáspora de países y culturas tan fértil como problemática (Chile, Argentina, Francia, Estados Unidos), su itinerario contiene una enorme riqueza y valor, éticos y estéticos.

En este recorrido, El Escorial siempre fue un emplazamiento fundamental, puntal y cruce de caminos sentimentales y artísticos y escenario que terminó por ser un verdadero punto de origen y llegada. Su primera publicación conocida fue en la revista escurialense Papel del Vasar, una prosa poética titulada «Inventor de sábados» que, con adolescente espíritu lúdico y toques vanguardistas, recreaba una escena costumbrista por las calles de San Lorenzo de El Escorial. Desde entonces, su localidad natal irá apareciendo periódicamente en su obra, como espacio que atesora la educación sentimental, la biografía personal, las proyecciones históricas de su compromiso político o las recreaciones de su peculiar religiosidad última.

Tanto su vida como su proyecto de un humanismo marxista con plena libertad en el plano estético –tal y como demuestran sus poemas de El hombre y el trabajo (1938)– se vieron brutalmente interrumpidos con el desenlace de la guerra civil. El deseo de continuidad con este pasado sigue siendo una cuestión válida durante su exilio en Argentina, cuando todavía las esperanzas en un regreso a España que restituyera la democracia republicana eran más que fundadas. En dicha voluntad se integran las referencias a El Escorial que menudean en Versos de guerra y paz (1945), su primer libro en el exilio, en el que el paisaje de la infancia y la genealogía familiar acuden al rescate de una identidad en plena crisis y zozobra. Una sección de este libro está dedicada a los escenarios de la infancia del poeta, en los que el Monasterio y sus alrededores son fundamentales, escenarios que guardan una estrecha relación con los ambientes de algunos de los cuentos incluidos en Del cielo y del escombro (1942) y con su ensayo Libro de El Escorial (1944). Este último título fue escrito para reivindicar una lectura «republicana» de la obra maestra de Herrera, opuesta a las interpretaciones fascistas del monumento que lo hicieron exponente de la españolidad imperialista franquista, como ejemplo de una modernidad que enlaza con las lecciones cubistas de Juan Gris o Pablo Picasso y que sirve de refugio y ordenación frente a un mundo en guerra y disgregado.

El Escorial siguió presente en las próximas etapas de su exilio, durante su proceso de crisis personal, estética, ideológica y religiosa, que culminaría en la ruptura con el Partido Comunista y la conversión a una heterodoxa religiosidad. De esta presencia da pruebas El otro mundo (1946), una novela inédita en la que hace acto de presencia el motivo de «los álamos oscuros», emplazamiento real de su niñez. En 1970, esta misma denominación sirvió de título para una autobiografía lírica que sólo pudo ser escrita en parte; más adelante, la antología de toda su poesía preparada por el propio Serrano Plaja llevaría por título Los álamos oscuros, convirtiendo esa doble hilera de árboles de sus correrías infantiles en el espacio simbólico de la memoria y la reconciliación familiar de sus años finales vividos en California. En estos últimos poemas, California-El Escorial terminaron siendo una confluencia de espacios y tiempos, una síntesis conciliadora tras su conversión religiosa que hará de la memoria un símbolo totalizador, la construcción de una nueva síntesis donde el yo solitario asume tanto la pérdida como el hallazgo que toda experiencia de exilio ha comportado:

y mañana que es hoy

que ya casi es ayer con pintas verdes

me voy quedando solo

con un bosque con menos

con unos cuantos álamos oscuros

del escorial

de california.

El 16 de junio de 1979, Serrano Plaja moría en la localidad californiana de Santa Bárbara sin haber olvidado nunca sus raíces. En septiembre de 1980, sus cenizas fueron depositadas por su viuda en el panteón familiar de San Lorenzo de El Escorial, en medio de ese paisaje que permanece fijado en la obra de este escurialense cuya figura merece ser recordada y cuya obra vale la pena ser leída.

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