El Matadero Municipal

Estuvo situado en lo que hoy es la parroquia de San Lorenzo del Escorial. En 1912 se construyó (coincidiendo en época y estilo con el Matadero Municipal de Madrid, de 1908) en el lugar que hoy día le sustituye la Escuela Municipal de Música y Danza y en Biblioteca, entre la calle Vista Bella y la travesía del Matadero. Constituyó un volumen de tres cuerpos (naves de matanza, central y oreo) dispuesto en T. Responde al estilo denominado neomudéjar. Durante las distintas etapas de reforma ha perdido su aspecto inicial, que mostraba un interesante edificio único en la arquitectura local. Quien ha elegido esta noche de lluvia este tema lo hace con la nostalgia del tiempo pasado; de quien vivió toda su infancia y juventud en la travesía, que desde las ventanas de su casa podía ver en cualquier momento del día y de la noche el edificio de color ocre. El segundo de los hijos de los guardeses fue uno de mis mejores amigos, coincidimos en edad, en colegio, en amigas y en quintas. Dentro del edificio hemos tenido las mejores correrías infantiles que se pueda uno imaginar en esos años en lo que un ángel de la guarda, vela por cada inocente. La víspera de la matanza venían los camiones con las reses a ejecutar. Durante toda la noche lastimosos mugidos rompían el silencio. Como si barruntasen el destino que les esperaba. A la mañana siguiente, desde los corrales, los matarifes les enlazaban con una soga por los cuernos hasta asirlas del cuello. Tiraban de ella hasta atarla a un poste de granito situado en el centro de la nave. Tras asegurarse que no podría escapar, un certero golpe en el cuello vertía un chorro de sangre humeante. Tras unos espasmódicos movimientos fallecía el animal. Otro matarife la sajaba el vientre, del que se precipitaban sonoras, mojadas y acompañados de un punzante olor, metros de tripas que se escurrían por el suelo mojado. Unos certeros hachazos les cercenaban las patas; los abrían en canal y colgados de uno ganchos que pendían de unos raíles les llevaban hasta la nave donde les esperaban los camiones para transportarlas. Nosotros contemplábamos estas escenas desde el palco del fondo, donde estaba siempre don David, el veterinario fumándose un habano. Si se trataba de terneros, se les remataba con golpes certeros de estacas en la cabeza. Después cuando todo el mundo desaparecía y parecían oírse los mugidos lastimeros de las reses, aparecían las ratas, enormes, que nos dedicábamos a aniquilar con escopetas de aire comprimido. La parte festiva lo constituía los días de toros para las fiestas de San Lorenzo (10 de agosto) corriendo detrás de las mulillas enjaezadas arrastrando a los toros de lidia desde la plaza. En la esquina del Matadero vivía una pareja, que eran hermanos. Allí vivieron hasta que los dos fallecieron. El varón, el señor Astorga, presumía de trabajar en la Casa de Oficio más alta de España, tras subir las infinitas escaleras de la calle de San Pedro. Tras la Guerra Civil, aquel taller pasó a convertirse en las oficinas del Sindicato. Hoy en día hay construidas una serie de viviendas en el solar.

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