Juan Ignacio Cuesta: toda la Sierra de Guadarrama es un lugar de inmenso poder

En esta entrevista vamos a hablar de la Sierra de Guadarrama, de sus rincones más misteriosos y más evocadores. De lugares de poder y puede que a desmitificar algún mito. Para ello preguntamos a Juan Ignacio Cuesta, periodista, escritor, espeleólogo, músico y profesor de redacción en la Universidad Complutense de Madrid. Su trayectoria profesional daría para otro artículo, actualmente, entre otras cosas colabora con el reputado programa de radio La Rosa de Los Vientos, programa de onda cero creado por el recordado Juan Antonio Cerbrián. Juan Ignacio es autor de numerosos libros, destaca para nuestro propósito La boca del infierno. Claves ocultas de El Escorial ed  Aguilar .
Sanlorentino de pro y tal vez uno de los mejores conocedores de la historia de estos lugares.
  • ¿Cual es tu relación con la Sierra de Guadarrama?

¿Relación?… Pues toda la que se pueda imaginar de alguien que ha nacido y se ha criado en sus rincones. De pequeño, para mí era la frontera. Cuando iba de Madrid hacia San Lorenzo, la silueta de las montañas, de las Machotas hasta Maliciosa, eran como una línea divisoria entre el mundo real y el de los sueños, y también el de la aventura. Las novelas y relatos que leía hablaban de mundos que yo imaginaba estaban más allá de aquella cuerda montañosa. Era mi fuente de inspiración para recrear los paisajes que veía en las novelas que leía.

Por eso, y gracias a mi abuelo, Agapito Millán Valiño, carpintero del pueblo, desde muy pequeño pude conocer todas las sendas y rincones por las que me llevaba. También todas sus plantas, sus árboles, sus arroyos…, sus fuentes. No hablaba mucho, pero todo lo comunicaba a su manera.

Allí descansa, desde hace muchos años, en las faldas del monte.

Cuando tuve edad para ello, mis correrías iban de la Silla de Felipe II hasta la Casita del Telégrafo de Abantos. Raro era el día que no se me veía en uno u otro sitio, a los que llegaba cruzando La Herrería, o ascendiendo desde la presa del Romeral.

Años después, y gracias a todo ello, amplié mi campo de juegos a todas las montañas, en especial al Sistema Central, y preferentemente a rincones del Guadarrama tan sugerentes como La Pedriza, por ejemplo.

Luego vino el resto del mundo.

  • ¿Cómo explicarías la supuesta energía que dicen que desprenden sitios como el monasterio de San Lorenzo de El Escorial?

Hay que aclarar bien el concepto energía, sobre todo cuando ser refiere a temas que pueden llevar a confusión. Hay una tendencia generalizada a mezclar cosas, para defender posturas enfrentadas entre el bando de la ortodoxia científica, y el de una heterodoxia muchas veces alentada por un voluntarismo excesivo.

Energía es, fundamentalmente acción. Y el motor de tal cosa es la propia estructura de la materia, porque todo, absolutamente todo es una manifestación de algún tipo de energía desde el nivel atómico. Por eso, todo influye sobre todo, con mayor o menor intensidad. Quienes niegan la existencia de las energías de tipo espiritual, por ejemplo, lo hacen también con la esencia de la propia existencia, puesto que existe una base química del espíritu que quizá sean los neurotransmisores.

En este sentido, lugares como San Lorenzo de El Escorial, su Monasterio, y su entorno, mueven en sentido ascendente la sensibilidad de quienes los visitan, y por lo tanto generan un tipo de energía subjetiva que influye en cada uno a su modo. Unos tendrán percepciones positivas y otros negativas, según su componente axiológico.

Otra cosa es si existe una emanación objetiva perceptible de algo externo en el Monasterio…, de algún tipo de flujo sutil que es capaz de trascender lo subjetivo.

Y debo decir que, por supuesto que sí. El enorme peso de aquella formidable masa, ejerce una forma de magnetismo que envuelve a sus visitantes, por poco sensibles que sean. Todo allí fue creado para conseguir un ambiente opresivo que obligase al visitante a centrarse única y exclusivamente en lo sagrado. Esa fue una de las intenciones de su creador, Felipe II. Por eso aquel gigantesco santuario está hecho a imagen y semejanza del rey Absburgo.

  • No paran de salir libros y estudios sobre temas relacionados con el monasterio, ¿qué crees que queda por descubrir en ese lugar?

Claro que quedan cosas por descubrir. Es lógico. La sensibilidad y conocimientos de los hombres que lo concibieron es muy distinta a la nuestra. Algunos de sus procedimientos de cálculo, por ejemplo, resultan hoy día un verdadero arcano destinado sólo a mentes muy duchas.

Un buen ejemplo sería el Discurso de la Figura Cúbica de Herrera, todo un reto para tratar de comprender el pensamiento de aquel cántabro que, a pesar de su obra, no era tanto un arquitecto como un hombre del Renacimiento con todo lo que esto implica.

En el nivel simbólico este se hace patente cada día, sobre todo porque existen aún muchos enigmas sin resolver, como qué significan exactamente las cuatro leyendas que Arias Montano hizo para cuatro elementos de las Salas Capitulares. Seguro que detrás de ellas hay cosas importantes que hoy no entendemos.

En el plano físico, de chico me moví por rincones del edificio que seguramente hoy están tapiados, donde hay trastos de todo tipo. Había entonces confesionarios, botellas antiguas, armas, muebles. No sé si hoy estarán todavía en algún sitio de difícil acceso.

  • En tu libro desmitificas muchas de esas teorías como la que dice que El Escorial está tapando una de las puestas del infierno ¿Qué otras teorías consideras absurdas sobre el lugar?

Bueno, tapar una de las puertas del infierno puede ser leído de varias formas. Si atendemos a un infierno físico (las Calderas de Pedro Botero)…, ¡rotundamente no! Tampoco espiritual, aunque en este punto habría que hablar de personas y de su particular sensibilidad.

Pero si entendemos que el Monasterio fue concebido como un símbolo, un bastión en contra del Maligno, Señor de todo lo no ultracatólico, demoníaco en su esencia, pues entonces sí. Aunque correríamos el riesgo de condenar a los miles de millones de personas que consideraron como infieles en su tiempo.

Desde luego es un enorme portón ante todos los fantasmas, miedos y tabúes de aquel hombre enormemente supersticioso. Además, concebido según el tamaño que fue adquiriendo su reino.

En el plano anímico, tan de moda, tras algunas afirmaciones tanto de Juan Pablo II, como de Benedicto XVI, pues aquí estamos en lo mismo, quien crea en el infierno, puede considerar que sí, y viceversa.

De todas maneras, es conveniente ir dejando las cosas claras en esta materia, porque han sido muchos siglos de abusos con la imagen infernal, más construcción humana que divina.

  • ¿Qué es lo que te gustaría investigar del lugar y todavía no has podido?

No tengo nada preferido. Voy dejando que me lleguen los estímulos, ya sea porque descubro cosas o porque me dejo llevar de la intuición.
Realmente, lo más enigmático para mí no es tanto el Monasterio como el entorno escurialense. Me siento más llamado a indagar sobre las razones que llevaron a su elección, que sobre lo que se puso allí. Siempre he sentido, sobre todo cuando abundo en mis sentimientos de niño que corría por aquellos bosques, que aquel es uno de los sitios más mágicos de cuantos pueda encontrar.
En mis años púberes, todo mi mundo fue desde Las Machotas, hasta Cuelgamuros, por razones familiares y vocacionales. Entonces pensaba que todo estaba asociado a los monumentos, pero cada vez me he ido dando más cuenta que lo que realmente me interesaba era aquellas montañas. Si también le habían interesado al rey, a fray José de Sigüenza o a fray Antonio de Villacastín…, pues algo tendrían.

  • Hace un tiempo en el eco de la sierra tratamos de dilucidar la cuestión del uso de la supuesta silla de Felipe II ¿Qué opinas de esta polémica? ¿piensas que la Silla de Felipe II debería tener alguna protección especial o que debería autorizarse alguna prospección arqueológica por la zona?

No hay polémica ninguna, hay documentos. El único testimonio epigráfico de la presencia de Felipe II en algún sitio, es en el Canto del Rey o Canto Castrejón. Pero nada en el Canto Gordo o Silla de Felipe II oficial.

Además, estoy plenamente de acuerdo con la profesora Alicia Cantó de Gregorio, y otros expertos, que señalan al pasado vetón de la zona, ya sea en monumentos creados (Canto Castrejón), o reutilizados o aprovechados, como la mal llamada «Silla».

Los pueblos de origen indoeuropeo no fueron especialmente industriosos a la hora de trabajar santuarios monumentales. Hicieron algunos, pero la mayoría de las veces se conformaron con lo que ya estaba hecho por la naturaleza y era especialmente sugerente.

No hay más que mirar la piedra que está bajo «La Silla». Es claramente un inmenso corazón de granito.

  • ¿Qué otros rincones de la herrería nos recomiendas?

Toda la Herrería es mágica. Sus fuentes, sus rincones. ¿Qué decir? Quizá el que más me hagustado siempre para pasear haya sido el camino que va de la Silla a la Fuente de la Reina, con sus castaños y la tapia del Castañar, que fuera el núcleo original del que nació el pueblo.

Esto con permiso de Abantos, donde yacen los restos de mis antepasados: mi abuelo, mis tíos, mi padre…

Si tengo que decidirme por uno más relevante que los demás, aunque no esté en el llano, ese es sin duda la fuente del Cervunal y su entorno.

  • Fuera del entorno Escurialense ¿dónde podríamos encontrar otros lugares de poder en la sierra de Guadarrama?

En sí misma, toda la sierra es un lugar de inmenso poder para mí. Por tanto la lista sería innumerable. Así que sólo a efectos de  buscar la aquiescencia, citaré algunos que son especialmente conocidos, como La Pedriza, Maliciosa, Morcuera, La Cabrera, los bosques de Valdemaqueda, la Virgen de los Remedios de Colmenar Viejo, Grajal y Navallar…,

Ahora si tengo que elegir un lugar donde se siente todo el telurismo del Guadarrama como en ningún sitio: Peguerinos, Pinares Llanos y Cueva Valiente.

  • ¿Qué piensas de esos monumentos, Granjilla, canto castrejón, etc que están en propiedades privadas y no ofrecen la posibilidad de visita?

Pues que sería conveniente que fueran adquiridos por el Estado para su preservación. Lo que temo es que suceda lo acostumbrado. Que un día dejen de tener el interés económico que ahora tienen, y que sean pasto de los especuladores. Ya lo han intentado, y seguro que no dejarán de hacerlo en el futuro.

Sólo les tiene ahora detenidos la crisis del ladrillo…, pero insistirán. Que nadie lo dude.

Ante ello, sólo valen leyes inteligentes, hechas por gentes con visión de futuro.

No es que abunden…, la verdad.
La Sierra de Madrid es un lugar singular, todo un privilegio para quienes tienen acceso rápido a ella. Pero como con todo lo cotidiano, está infravalorada. Debemos hacer un esfuerzo en dar a conocer, no sólo sus rutas, sino los sentimientos, sensaciones y lecciones que proporciona a quienes la van descubriendo. Es algo que quizá haga yo en algún momento.
Hay una lección que aquellos paisajes me enseñaron desde muy niño. Observar, vivir, intentar comprender, comprender y amar todo aquello es un buen y gratuito vehículo de crecimiento espiritual.

Como le gusta a Juan Ignacio en las charlas, reuniones de amigos, vamos a terminar la entrevista con su música, con su canto  que sorprende a los no iniciados cuando empieza a sonar, un fragmento de una intervención de nuestro doctor Bacterio en La Rosa de los Vientos:

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