LA ALQUIMIA DE LOS FOGONES.

Para Raúl Vincenzo Giglio, la cocina no sólo es un lugar de meditación sino también de alquimia, porque es transformación, es usar los elementos que la tierra ofrece, usar nuestro intelecto y sacar una nueva versión más sabrosa de sí mismo”.

Cocinar es escuchar lo que el alimento lleva dentro, verlo antes de que se muestre por sí mismo, confiar en ello y acompañar ese proceso de maceración y maduración, para regalarse una explosión de sabores y texturas, antes inimaginables, y llegar a sensaciones que permanecen ocultas, comenzando en el paladar y acabando en explosiones de emoción”, señala.

Para Giglio, “la cocina es alquimia, es unir diversos alimentos,
diversas formas, colores, texturas, de orígenes y procedencias muy
lejanas entre sí y dar a cada elemento su medida, dentro del proyecto
común que es más grande, para conformar una receta, un milagro de
unión de diversos elementos en la perfección de sabores que se vierten
y derriten en un paladar”.

“El alimento, es la más poética y creativa de las necesidades básicas,
la que adquiere las más diversas formas, olores y colores. La poesía
de la vida desde que el hombre descubrió su sabiduría interna, su
capacidad de observar, de desarrollar y usar su inteligencia, de
deleitarse ante un plato recién hecho”, agrega.

“El hombre es el único ser vivo que elabora sus platos, no sólo para
sobrevivir, sino para deleitarse y tomar conciencia, conocerse y
conocer los recovecos profundos de su vida, los fogones desde los
cuales saltará a otro nivel de conciencia”, finaliza el autor de “La
cocina como meditación”.

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