Manuel Andújar: un sanlorentino ilustre

José Ruiz Guirado

Manuel Andújar
Nace en la Carolina(Jaén) y muere el 14 de abril de 1994. Escritor español. Pertenece a la generación de escritores españoles formados en México donde se exilió en 1939. Junto con José Arana , fundó en este país la revista “Las Españas”. Su obra muestra una profunda preocupación por la realidad española y su destino. Publicó en 1942 su primer libro “St. Cyprien plage, campo de concentración”. Le siguieron: “Partiendo de la angustia”, 1944; “Cristal herido”, 1945; “La sombra del madero”, 1966; “Los lugares vacíos”, 1971; “La franja luminosa”, 1972; “Secretos augurios”, 1981; “Cita con fantasmas”, 1984;” “La voz y la sangre”, 1984”; “El caballero de barba azafranada”, 1992. De entre las novelas del ciclo “Lares y penares”, destaca la trilogía “Vísperas”: “Llanura”, 1947; “El vencido”, 1949; “El destino de Lázaro”, 1959; antencedentes y preliminares de la República y la Guerra Civil, que narra en su novela “Historias de una historia”, 1992. Manuel Andújar ha cultivado la poesía (“Fechas de un retorno”, 1979; “Sentires y querencias”, 1984), el teatro (“El primer juicio final”, 1963), el ensayo (“Narrativa del exilio español y literatura latinoamericana,1984; “Grandes escritores aragoneses en la literatura española del siglo XX, 1981; “Andalucía e Hispanoamérica, crisol de mestizaje”, 1982; “Signos de admiración”, 1986, “Valle-Inclán: homenaje del Ateneo”). Sus relatos breves fueron editados por Alianza editorial.

AUNQUE el crítico Rafael Conte afirmara que fijara su residencia en San Lorenzo del Escorial (calle Juan de Leyva) en 1979, le dirige una carta a su amigo Demetrio Aguilar-Malta en:

San Lorenzo del Escorial, 22 de agosto de 1976

(…) “Como te decía al principio, Demetrio, atravieso en los demonios del quehacer narrativo, por una etapa de incertidumbre, de algunas dudas…”
En 1972 le enviaba otra carta al mismo destinatario, pero fechada en Madrid el 20 de septiembre. Por esas fechas dejaría el piso madrileno y se vendría a vivir a San Lorenzo por prescripción médica. Si bien es cierto, que en los meses de estío o Semana Santa, antes de fijar su residencia vendría con Ananda, su esposa a San Lorenzo. Comerían en el Madrid-Sevilla y pasarían las tardes de tertulia a la sombra de los castaños de indias del Parque, en compañía de Abellán, Garciasol, el propio Antoniorrobles y otros amigos; a quien en 1978 le rinden homenaje (llegaría procedente de México en 1972 y escribiría dos libros –“Yo (Notas de una vanidad ingeniosa), 1973; “Los escalones de una vida”, 1981; obras inspiradas en el reencuentro con su ansiado San Lorenzo) Manuel Andújar, Ramón de Garciasol y Carmen Martin Gaite. Ya instalados en al aparmamento de Juan de Leyva (una pieza pequeña a la que se accedía por un pasillo corto donde unas estanterías albergaban los libros que cabían. Hacían vida en una salita separada con un cortina de la cocina, en la que había una librería, un sofá y una mesa camilla, con faldas y brasero eléctrico para el invierno. Estaba situada junto a la ventana que daba a la calle de atrás, por donde entraba la luz. Manuel Andújar se sentaba de espaldas a la parez y tenía sobre la mesilla una lámpara. Sobre el sofá libros y papeles que había que apartar para sentarse) continuó con su labor literaria. En 1981 publicaría “Secretos augurios”; en 1984 “La Voz y la sangre”, que pensaría titular “La indagación”, y a la que se refería a la incertidumbre en la carta a Demetrio Aguilera. En 1992 publicaría “Un caballero de barba azafranada”; en 1989 aparecería “Mágica fecha “ y “Cuentos completos”. Artículos, conferencias, viajes y ponencias relacionadas con exilio.

El primero de agosto aparece una noticia en ABC de Sevilla: “El escritor Manuel Andújar consideró en el Escorial, “intolerable a todas luces, las actuaciones de bastantes profesores obviando la literatura del exilio.” Participó en la vida cultural de San Lorenzo: veladas poéticas y teatrales; presentaciones de libros; celebraciones del Día del Libro y de manera sobresaliente la creación de “La tertulia escurialense”-1986-1994-, impulsada por Andújar (celebrada en el Cafetín Croché, de San Lorenzo, y con el auspicio de la librería Arias Montano y el entusiasmo de los dueños del Cafetin ), que convirtiera al Sitio de San Lorenzo el Real en un referente cultural al modo que el Café Central, el Comercial o el Gijón lo fueran en la capital de España. Por su confesiones de autor han pasado autores de la talla de: José Luis Borau, Clara Janés, Lopoldo Calvo Sotelo, José Manuel Caballero Bonal, José Hierro, Julio Llamazares, Marta Portal, José Luis Aranguren, Ferando Moran, Fernando Savater, Elena Soriano, Ramón de Garciasol, Manolo Calvo, Tomás Segovia, José Luis Abellán, Juan José Cuadros …
Los últimos días de su vida estuvo ingresado en el Hospital del Escorial, antiguo Sanatorio Antituberculosos. De esas casualidades de la vida, le atendia una prima mía, enfermera en el hospital. Los días que pude visitarle le encontré tratable. Otros, según me contaba ella, no se hacía carrera de él. Su enfisema pulmonar le tenía atado a la bombona de oxígeno, que ya la usaba en casa, por las noches. Conservo una imagen sanlorentina de Manuel Andújar. Una de esas noches frías de invierno cuando el Abantos arroja todos los cierzos con saña, volvía el escritor de Madrid en el autobús de línia, cuando aún paraban en Los soportales o en Floridablanca. En esta última se bajó, apoyándose en el bastón para llevar su evidente cojera. Arrebujado en una bufanda negra y tocado de boina se dirigía en la soledad de la noche por la plaza del ayuntamiento hasta, pasado los soportales, encaminar a Juan de Leyva, donde vivía. Sería el coche de las diez y, aún no siendo una hora intempestiva; no había nadie por la calles. Tan solo algún tertuliano en Los Mariscos, en El Candil o en El Caserío, apurando el último chato de vino. La voz de este se mezclaría con el sonido seco y cadencioso de zapato y bastón, que sólo interrumpiría las campanas del Monasterio, que siempre sonaban atrasadas con las del Ayuntamiento; o éstas adelantadas. Llegaría a su casa, llamaría a la puerta y le abriría Ananda, su esposa, con la ternura que siempre supo poner en su vida.

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