Cuando El Escorial olía a Españas
Dic 1st, 2009 | By chema | Category: la revista, nº17 diciembre
José Ruiz Guirado
ES sabido que, cuando se habla de El Escorial, se hace del pueblo de abajo, frente a San Lorenzo, que es el de arriba. El propio Manuel Azaña, en su novela “El jardín de los frailes”, que tiene como telón de fondo su estancia en el colegio agustino, ya lo señala. Sin embargo, el topónimo “Escorial”, sí es conocido allende las fronteras y los océanos, y, es la causa por la que tengo por costumbre utilizarlo. El título de este escrito lo he tomado, de la obra “Cuando El Escorial olía a chocolate”, del insigne profesor y amigo, Gregorio Sánchez Meco, cronista de El Escorial y erudito investigador de las vicisitudes de este alfoz. Aclarado este punto para que mis convecinos no me tilden de apátrida, vayamos a lo nuestro. Sería interesante hacer un viaje literario por San Lorenzo, quizá comenzando por la carretera de Robledo de Chavela, -Villa Consolación-, residencia de los Quintero. O bajar Floridablanca, para encontrarse con la placa que recuerda la estancia de Ortega y Gasset, o contemplar la estatua de Crispín, en recuerdo de Jacinto Benavente, en la plaza que lleva su nombre y como recuerdo a la representación en el Coliseo Carlos III de “Los intereses creados”. Si bajamos la calle de Grimaldi nos encontramos con la antesala del Monasterio- la Lonja- y en la esquina de la torre del Colegio –Alfonso XII-, recordamos a Azaña, del que ya dimos cuenta y a Ridruejo, al compañero de universidad, José María Alonso Gamo, con su poemario “Rincón”. En la piedra que allí permanece se sentaría Santa Teresa de Ávila para que la brisa serrana le devolviera el aliento. No era bien recibida por el Padre Sigüenza, quien nos dejó en galana prosa los recuerdos y avatares de la fundación de la Obra. Ilustres agustinos nos han dejado con su paciencia monacal –José Quevedo, Gabriel del Estal, los hermanos Uña (Agustín y Octavio), Padre Soler, José Sierra (aunque en la parcela de la música) y un largo etcétera- reputadas obras en prosa y verso. Obviamente, es de necesaria consulta la obra escurialense de Saturnino Álvarez Turienzo. Por estas mismas Lonjas el poeta Angel García López se vencía con el rey que erigió la Fábrica. Otro ilustre poeta, José María Suárez Campos, no dejaba noticia de sus muros. Al igual que Javier Campos o Luis Hernández. Paseaba Ramón de Garciasol por el Jardín de los frailes, con su “Recado del Escorial”, y lo hacía también Juan José Cuadros, -caminero- por las calles del pueblo, mientras las tórtolas se arrullaban en los magnolios. Don Federico Carlos Sainz de Robles dejó testimonio de su acervo humanista. Gabriel Sabau, no trajo en crónica escrita su vivencia escurialense. No olvidemos a Vivanco, que el contemplar este paisaje le ahítaba de tanta piedra dura. O al poeta Fernández-Shaw, a quien se recuerda en cumplido busto para quien paseo bajo los castaños de indias camino del Barrio de Abantos. A Ramón Nieto se le ve a gusto presidiendo el jurado del Premio de Poesía Cafetín Croché, que lleva ya un cuarto de siglo a sus espaldas. Juan Losada, sigue con su recuerdos de otra época a cuestas. Y Manuel Andújar que trajo a San Lorenzo las tertulias decimonónicas y su bagaje por Las Españas. Además de José Luis Abellán, que habla de un Escorial orteguiano. Fernando Borlán, que fue profresor del instituto Juan de Herrera, nos dejó un acertado poemario ,”Por la noche y en medio de la calle”. Incluso quien suscribe se atrevió con una “Cantata escurialense”.
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