Raul Giglio: En manos del azar

May 2nd, 2010 | By chema | Category: la revista, nº23 mayo

En manos del azar

Viajar en el “metro” sin un destino definido o llamar por teléfono sin saber quien hay al otro lado de la línea, son sencillos “experimentos filosóficos”, que pueden darnos otra visión de la vida y conducirnos a giros inesperados. Pequeñas travesuras, que prometen grandes revelaciones.

 

Disfruta el juego de la vida

Hacer y avanzar sin rumbo ni orden, ponerse en manos de lo imprevisto, permitir que llegue y suceda lo fortuito, fluir con cada momento, con el aquí y ahora… ¿Si, como afirman los sabios hindúes, “la vida es un juego”, entonces por qué no jugarlo de vez en cuando, dando rienda suelta a nuestra espontaneidad y confiando en lo azaroso?

“El primer paso para jugar y arriesgarse un poco en el gran juego de la existencia consiste en deshacerse del miedo al ridículo, y el segundo paso radica en confiar en el azar, que según algunas corrientes orientales no es más que una ley física del universo que todavía nos resulta desconocida”, eso, al menos, es lo que opina el terapeuta transpersonal Raúl Vincenzo Giglio, de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal.

Según el experto algunas actividades urbanas que pueden parecer grotescas o atrevidas a primera vista pueden aportarnos revelaciones insospechadas sobre nosotros mismos.

 

Experimenta, te conocerás mejor

Si aceptamos que la vida es un juego, podemos proponernos a nosotros mismos una serie de juegos y aceptar la invitación de la vida a jugar, a experimentar, a explorar, dentro de nosotros, en nuestro entorno, para saber más de nosotros mismos, más del papel que representaremos en una acción vital y real.

Raúl Giglio propone algunos experimentos filosóficos para “llegar a las profundidades del ser, al autoconocimiento a través de lo simple, del gesto sencillo y de la risa”.

El juego permite desencadenar mecanismos interiores de autoconocimiento a través de pequeños gestos provocados por hacer algo concreto, hablar, mirar, escuchar. Sacar a la superficie impulsos interiores que nos servirán para aprender.

Se trata, en definitiva, de salir un momento del papel y las creencias que llevamos interpretando largo tiempo, para explorar, para encontrarnos en alternativas que podrán, con toda seguridad, enriquecer nuestro propio rol vital, dándole nuevos matices.

Por ejemplo, algo tan sencillo como viajar en el metro sin una meta definida podría deparar grandes sorpresas.

Del metro al gran viaje de la vida

 

¿Quién viaja contigo en el metro?

Permanecer en una estación de metro o viajar a bordo de sus trenes, observando todos los detalles y las gentes que van de un lugar a otro, nos brinda más información de la que podemos pensar. Romper con lo previsto y detenernos a observar, nos invita a realizar nuevas reflexiones.

¿Has observado la destreza con que el hombre de la limpieza pasa su escoba por entre los asientos? ¿Cuál sería su reacción si le dedicáramos una sonrisa de agradecimiento?

“Al observar el movimiento de tren o el metro, podemos compararlo con la propia vida, que no nos castiga por parar y observar, y al contrario nos sirve siempre nuevos y nuevos trenes, es decir oportunidades y posibilidades, que podemos tomar”, precisa el especialista.

“Si en algún momento tenemos la sensación haber perdido el tren de nuestra vida, hemos de recordarnos que, cada cierta cantidad de minutos, igual que en el metro, pasa uno nuevo…”, recuerda Giglio, que propone otro curioso experimento para ampliar nuestras fronteras vitales y mentales: ¡llamar por teléfono al azar!

La idea es tomar el teléfono y marcar los prefijos determinados, pero dejando al azar las últimas cifras. Un desconocido atenderá la llamada.

Lo que ocurra después es inesperado: quizá encontremos una agradable conversación o seremos objeto de burla. O colgarán. El objetivo es darse cuenta del mundo que existe fuera de lo que normalmente conocemos, traspasar las fronteras de lo conocido, de los caminos cotidianamente transitados.

Con este ejercicio, durante unos segundos, hemos ampliado nuestro campo de acción, nuestra existencia. Estamos allí fuera presentes, en el mundo del interlocutor al que hemos contactado, existimos, allí está plasmada nuestra existencia.

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