Raúl Giglio: “Cambie sus hábitos”
Jul 31st, 2010 | By chema | Category: la revista, nº26 Agosto 2010“Primero hacemos nuestros hábitos y luego nuestros hábitos nos hacen a nosotros”, ha señalado John Dryen, el prestigioso poeta, crítico literario y dramaturgo la Inglaterra del siglo XVII.
Según explica Raúl Vincenzo Giglio, profesor de yoga y meditación, experto de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal; “diversos estudios en lo referente a la conducta humana parecen darle la razón a Dryen, por que indican que es absolutamente necesaria la perseverancia para inculcar un nuevo hábito en la conciencia humana”.
En alguno de esos estudios, añade, incluso se concreta que “es imprescindible mantener una determinada práctica durante veintiún días consecutivos para que la mente neuronal la asimile como parte fundamental de su esquema, es decir se habitúe a su empeño, se cree el hábito”, comenta el experto.
“Con un poco de atención y algo de dedicación, las costumbres negativas pueden transformarse en positivas. Ese trabajo de cambio psicológico consigue que la persona tenga más confianza en sí misma, que mejore su autoestima, y además le ayuda a conseguir las metas que se propone”, señala la psicóloga británica Vera Peiffer, experta en técnicas para superar los hábitos.
La psicóloga explica que el hábito “es una rutina que asocia una situación determinada y una respuesta automática. Lo mismo que nos cepillamos siempre los dientes antes de acostarnos, o llamamos siempre a la familia cuando hemos llegado a la meta de un viaje, el hábito problemático también se reproduce, de manera regular e invariable, siempre que se presenta una situación particular”.
Según Vera Peiffer, “la razón de que los triunfadores consigan enfrentarse a sus malos hábitos y otras personas no, es que los primeros ponen en marcha el cambio, y los otros no”.
“Aunque sólo haga cinco minutos de ejercicio al día, la persona que se ejercita durante ese breve lapso, lleva ventaja respecto de la que no hace nada de gimnasia. Hasta un pequeño cambio es mejor que ninguno”, señala Peiffer.
Para dar el primer paso en cualquier cambio de hábitos, la experta sugiere plantearse la pregunta: “¿Qué es lo que en mi fuero interno se que debo hacer? La contestación está ahí, porque todos sabemos lo que conviene hacer cuando estamos atrapados en una rutina”, señala.
“Cada persona sabe, en su interior lo que debe transformar y también que puede hacer algo comenzando desde hoy mismo. No se trata de intentar algo, que es una manera fina de no hacer nada, sino de hacer algo desde ya”, dice Peiffer, porque “la mejor manera de preparar el futuro es atender al día de hoy”.
Generalmente, la mayoría de las personas empeñadas en un nuevo propósito suelen “arrojar la toalla” tras varias sesiones de prácticas, cuando experimentan la tensión y el desconcierto que siempre lleva asociado la erradicación de viejos hábitos por otros patrones nuevos y desconocidos.
“Los nuevos hábitos, al igual que un par de zapatos de deporte, al estrenarlos crearán rozaduras en los primeros tramos del trayecto. Pero si el atleta decide no despojarse de ellos ante las primeras molestias, y seguir adelante recorriendo con ellos muchos kilómetros, los pies y el calzado formarán una unidad con la cual es posible encarar cualquier meta”, señala por su parte Vincenzo Giglio.
Según este experto, el ser humano “está programado para resistir al cambio y mantener un estado de equilibrio. Teme al cambio, aún sin saber si puede ser positivo para su evolución”.
Este estado es conocido como homeostasis -la búsqueda de una condición y ambiente estable y constante- y ha evolucionado con el paso del tiempo como un medio de supervivencia que facilitaba a nuestros antepasados sobrevivir, en un mundo de constantes cambios y potenciales amenazas.
El inconveniente que presenta este mecanismo es que actúa aún en casos en los cuales un cambio sería aconsejable o positivo.
“Esta es la razón -según este experto- por la cual existe la resistencia a adoptar nuevos hábitos y vencer a las fuerzas que impiden a la persona adentrarse en nuevas dimensiones y experiencias en la vida”. Éste asegura que manteniendo el símil del corredor, si la persona mantiene el compromiso de andar el camino a lo largo de los primeros 21 días, la energía adicional que le ha dedicado en los duros comienzos se tornará un acto habitual, es decir se transformará en un hábito, que no le supondrá coste de energía adicional”, mantiene Giglio.
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